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“CAMELLOS PERROFLÁUTICOS”

Canarias Plural © Juanca Romero H.

CP EditorialJuancaAquellos días en los que la infancia se vestía de inocencia, y la llegada de la Navidad representaba una potente carga de ilusiones a modo de carrusel, una tras de otra hasta desembocar en el esperado día 6 de enero, momento en el que los tres Reyes Magos hacían evidente lo bueno o menos bueno que había sido durante el año anterior. Aquellos eran días de mucha ilusión, de algunos puñados de nervios ante la llegada de sus eternas majestades.

Pero ahora vivimos días agrisados para las tradiciones. A la fuerte irrupción de un tal Noel el gordo, se suma el desembarco de neo hippies de color malva y olores diversos, que haciendo estúpida apología de la paridad y populistas proclamas igualitarias, se han sacado de la manga la figura de la REINA MAGA, una mujer que montada sobre un flamígero camello, recorre las calles de las ciudades y pueblos repartiendo caramelos ante las incrédulas caras de los infantes. Los del sello del CAMBIO, imponen en las localidades en las que tienen cotas de poder, que sobre los camellos puedan ir mujeres, atentando claramente contra una tradición que ha permanecido escrita así durante siglos, y para la que los padres no encuentran fácil respuesta cuando su hijo/a exclama: -¡pero papá, los Reyes Magos el año pasado eran hombres!

Igual debemos dejarnos arrastrar por esta corriente y subir a las reinonas en una moto con sidecar para que el paje no tenga que caminar, o movilizarlas montadas en flamantes patinetas color morado. Si la Historia está para pasársela por las pudendas y sudorientas partes, entonces pongamos a María en un paritorio, a José con unas grandes astas, y a los pastores fumando maría en el terraplén que hay frente al chalet donde nació Jesús. Puestos a cambiar tradiciones especialmente infantiles como éstas, pongamos un par de peces en el pesebre en lugar de burra y buey, que son muy cagones y lo dejan todo perdido. Cambiemos la figura parental del nacimiento, y que sean dos Marías o dos José los que velen por el recién nacido Jesús, o mejor podemos llamarlo Pablito, puestos a hacer cambios.

Destruir las ilusiones de un niño/a es algo que no tiene precio, y mucho menos puede convertirse en herramienta de politicuchos de plazoleta y botellón. El ritual de estar horas esperando el paso de la real cabalgata para pedir a tu rey favorito que no se olvide de tus regalos, es algo que no debe estar en venta. Solamente imaginemos la cara de ese pequeño, que ve como a lo lejos se acercan los Reyes Magos, mientras sus piernas no consiguen estar quietas por el nerviosismo que le embarga. Al llegar el rey Melchor a su altura, con femenina mirada le envía un bonito beso volado dejando caer las manos con pintadas uñas sobre el carmín de sus labios. O lo que puede parecer más esperpéntico, una reina Melchor -¿o es Melchora?- con largas barbas blancas.

Ahora estoy convencido de que a más de uno le apetecerá hacer lecturas paralelas de lo que he escrito, acusándome de un no sé qué o un vete a saber tú. Para que quede claro, nunca estaré en contra de la integración de la mujer en la sociedad con los mismos parámetros y criterios que lo hace el hombre, pero en este particular caso, la paridad es un atentado contra la Historia, la racionalidad, el buen gusto, y especialmente, contra las ilusiones infantiles.