Lunes, 25 Julio 2016

ME CONFIESO: SIEMPRE HE QUERIDO SER POLÍTICO

 
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Canarias Plural © Juanca Romero H.

CPJuanca Editorial3Los conceptos políticos actualmente están denostados, envueltos en un hediento halo de porquerizas bañadas en el descuido. Se ha desvirtuado el significado y la significancia de lo que en realidad es hacer política, en gran parte debido a la profesionalización de la política y la escasa capacidad intelectual de muchos de los que hacen política en la actualidad. Y es que se debe partir de la base de que para hacer política no es necesario formar parte de las filas de un partido, corretear tras un líder al que le provocan erecciones (para ellos) y humedales (para ellas) cada vez que sus compañeros le jalean ¡presidente, presidente! Si lo analizamos detenidamente, hacemos política desde muy temprana edad y a diario; gestionamos los momentos familiares, tomamos decisiones, buscamos adeptos entre los amigos y compañeros de trabajo…

Estamos viviendo tiempos en los que la política produce fatiga entre los ciudadanos, y eso es el peor síntoma que puede manifestar una actividad tan necesaria y beneficiosa. Precisamente el concepto beneficio es el más desvirtuado, convirtiendo su auténtico sentido de colectividad en un coto privado de los que se perimetran para cazar billetes. ¡Gracias a Dios y aunque no lo parezca, los del mamoneo siguen siendo minoría! Me apena ver como los ideales individuales se ven truncados al traspasar la frontera y acceder a un partido en el que prima la voz establecida. Echo en falta esos grupos de librepensadores que indistintamente de la antigüedad que tengan en el partido, pueden hacer notar sus opiniones, divergencias y pareceres. Esos partidos en los que se prima la capacidad para plasmar ideas, casi no existen.

A mis 43 años de edad, y de ellos más de veinte de profesión en los medios de comunicación, he visto y oído de casi todo. En mi andadura radiofónica he dirigido informativos y magazines en los que la información política y las entrevistas me han aportado un punto de vista abierto y plural, distanciado de radicalismos que parecen regresar a nuestros días, con otro color, con otras telas para el disfraz, pero radicalismos al fin y al cabo. He podido conocer a grandes hombres y mujeres de la política, personas que se mimetizan con la problemática y las necesidades de sus municipios, de sus localidades. He conocido y conozco a políticos honestos, capaces de admitir sus virtudes y también sus incapacidades.

También he conocido y conozco a “ilustrados” del Twitter y simplones de la retórica populista, que entran a la política mediante el tren del caciquismo, disimulando su patetismo con una enmierdada corbata de esas que vienen con el nudo hecho, y rodeándose de decenas de lamedores de entre nalgas que les aconsejan con un simple ¡si, bwana!

Durante años, ya hace un puñado de ellos, tuve la oportunidad de entrar a formar parte de las filas de algunos partidos, que viendo como la ventana radiofónica podría beneficiarles, me reconfortaban la oreja para que picara el anzuelo. Ninguno de ellos se preocupó jamás por sondear cuales eran mis ideales políticos, mi concepto de lo que debe ser la sociedad y mis pareceres sobre temas concretos. En aquellos años no me planteé formar parte de ningún circo, porque cuando la política viene esquematizada por burdos intereses partidistas, simplemente se convierte en un espectáculo de tres pistas cagadas por los grandes elefantes de colgantes y envejecidas castañas.

Yo no tengo miedo a decir que me gusta la política, que me encanta, que la vivo y padezco desde mi particular atril de ciudadano. Me duele seguir viendo como mi tierra aún no se logra sacudir los ramalazos de caciquismo heredado de los tiempos del NO-DO, de los años en los que el olor a humedad y naftalina impregnaba las casas consistoriales. Me produce asco ver a los de la poltrona heredando cargos en empresas y entidades públicas una vez deciden salir del carguillo político. Me produce resquemor observar como muchos de los que ahora abandera el estandarte del cambio, se esconden tras las prebendas de lo público, a chupar, a chupar, a chupar.

No tengo ningún tipo de complejo para decir que me siento político desde el hueco que ocupo, subido en el pedacito de suelo que me toca pisar. Soy un ciudadano de los muchos que hay, que se resiste a abandonar la verdadera política en manos de cuatro mequetrefes incapaces de oratoria, invalidados de talento y calificados con un cero en las cosas de gestionar sensibilidades y realidades. No descarto en absoluto pasar un día a lo que denominan política activa, a las filas de ese barco en el que los ideales se respeten y se escuche a un librepensador. No descarto hacer política de la que antes de pensar en pegar carteles, prefiere salir a la calle a llorar realidades y buscar soluciones. ¡Yo creo en esa política!

A los mitineros de plazoleta y a los que captan votos con bocadillos de mortadela y bailoteos de verbena, a los que practican esa forma de hacer política, prefiero perseguirlos con la dialéctica y el trabajo. Por supuesto que no descarto un día formar parte de esa línea política, la que se implica, la que concibe una sociedad mejor con las herramientas que el sistema democrático pone a disposición. Un día, sin dejar de lado mi taburete de ciudadano, no me resistiré a dar un paso adelante y formar parte de un proyecto, de un equipo. Quizá lo haga… quizá sí, quizá no.

Modificado por última vez en Lunes, 25 Julio 2016 19:25