Jueves, 04 Agosto 2016

Cuando en los ayuntamientos se cuela el palurdo

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Canarias Plural © Juanca Romero H.

CPJuanca Editorial3Prefiero dejar claro al comienzo de este artículo de opinión, que los palurdos están en todos los estamentos sociales, que incluso dentro de nuestras familias se nos ha colado alguno, y que no hay rincón en el que a modo de Pokemon pegajoso, no encontremos uno de estos especímenes de extraña hechura. El palurdo es identificable sin necesidad de mucho acercamiento, e incluso desde lejos puede percibirse el sutil aroma a ignorancia disimulada. Y así nos lo cuenta el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE): Dicho de una persona:Rústica ignorante.

La ignorancia no está catalogada como algo perjudicial siempre y cuando la misma no afecte a terceros, y es aquí donde quiero hacer un alto para analizar el modus operandi del palurdo que se cuela en instituciones públicas, y concretando por motivos de espacio, el espécimen concreto que se cuela en nuestros ayuntamientos para ocupar diferentes labores de responsabilidad fielmente pagada con el dinero de los contribuyentes.

Clasificaría a los palurdos consistoriales en dos grandes grupos: los electamente elegidos, y los correveidile que eligen los electos una vez logran la victoria. Unos y otros comparten café en despachos mientras suman con los dedos cuantos se han tomado durante toda la mañana. Y aunque en nuestros ayuntamientos trabajan grandes profesionales y excelentes políticos, no es descartable destacar el preocupante aumento de elementos tóxicos que acceden a un puesto en la Casa del Pueblo sin tener ni la más mínima idea de hacer la O con un canuto, aunque algunos se los fumen en los baños municipales… pero esos son de los otros, los que echan humo.

Y así, encontramos en todas las islas del archipiélago un reguero de variopintos palurdos que llevan escrito en la frente su nivel de intelecto y formación específica para el puesto que ocupan. Yo mismo me he encontrado con un puñado de ellos en diferentes momentos y situaciones. Ejemplos como el de un importante ayuntamiento del norte de la isla de Tenerife, en el que hay empleados que firman como técnicos sin tener la capacitación para ello, en el que el nivel de tolerancia ante la crítica está a la altura de la credibilidad y transparencia que tienen, que por cierto es muy baja. Nos encontramos ayuntamientos en los que su alcalde ostenta el cargo fruto de la herencia de uno de los caciques del municipio que él mismo gobernó. Ayuntamientos donde el meridional amiguismo es tan grande, que en dimensiones supera lo pequeño del suelo de la isla que los sustentan. Por haber, hay ayuntamientos en los que alguno de sus empleados se enfrentan a los ciudadanos con amenazas telefónicas simplemente por cuestionar el trabajo que desempeña, que recordemos, es público y puntualmente abonado cada mes con el dinero de los contribuyentes.

Entiendo que a usted no le resultará difícil diferenciar al bueno del malo, porque el bueno es el que está trabajando cuando entra al ayuntamiento. Aún así, veo conveniente detallar algunas de las características que identifica al palurdo municipal.

El palurdo de ayuntamiento…

-      Se autodenomina erudito.

-      Se hace una tarjeta de visita en la que pone “técnico”.

-      Corre a comprarse un chulísimo Smartphone al día siguiente de ser nombrado.

-      Pide una silla grande para su despacho.

-      Mira por encima del hombro a los vasallos ciudadanos.

-      Utiliza constantemente la amenaza como arma arrojadiza.

-      Exclama ¡si bwana! cuando se encuentra con un superior.

-      Asume responsabilidades que no le corresponde, de cara a la galería.

-      Ante vecinos apocados y nobles, él es Dios.

-      No sabe encajar las críticas ciudadanas.

-      Es experto en las cosas del rencor.

-      Es experto en lamer electos culos.

-      En un cajón de la mesa de trabajo, tiene un cortaúñas, dos rotuladores flourescentes, un puñado de clips sueltos y restos del bocadillo de caballa que suele comerse entre horas.

-      Suele trasladar varias veces al día su oficina a la cafetería más cercana, donde hace apología de supuesto poder.

Estamos hablando de un mal endémico instaurado en los ayuntamientos desde que los tiempos son tiempos. Penoso tener que admitir que la posibilidad de erradicar esta plaga es tarea imposible, y mucho más complicada si los ciudadanos que se ven agredidos por parte de estos personajillos de poca monta, no ponen la pertinente reclamación en el ámbito municipal, jurídico y público, a través de los medios de comunicación.

Un día no muy lejano, voy a contar las formas y mañanas de un más que dudoso técnico municipal de un ayuntamiento del norte de Tenerife. Relataré como ante un periodista que le resulta molesto, se permite la licencia de llamarle por teléfono para increparle con tono amenazante, mientras el periodista en cuestión graba la conversación. Un día no demasiado lejano, pondré sobre la mesa nombre y apellido del susodicho, además del alcalde que permite que estas cosas ocurran.

Algunos creen que los ayuntamientos son sus feudos, la morada del neo-cacique que hace y deshace a su antojo. Nada peor que un palurdo con corbata, franqueado por otros del género palurdo lamedor. Ojalá llegue el día en el que los buenos sean los que ocupen esos cargos, que sean los que estén para tomar decisiones, porque además son mayoría frente a la descerebrada morralla que pulula por un buen puñado de ayuntamientos de nuestra tierra. Ojalá llegue el día en el que para ver a uno de estos palurdos, haya que acudir a un parque temático decorado con falsas banderas independentistas, con las del águila negra o la esvástica. Acotados a la espera de su completa extinción.

Modificado por última vez en Jueves, 18 Agosto 2016 16:35