Jueves, 12 Enero 2017

EL PALURDO SE VISTE DE PRADA

 
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"Puedo callar, dejar de escuchar e incluso dejar de mirar, pero jamás pondré la otra mejilla"

 

CP Editorial_

Canarias Plural © Juanca Romero H.

 

“El palurdo se viste de Prada”

Parafraseando el conocido título cinematográfico del año 2006, “El diablo se viste de Prada”, y dándole un ligero giro en las intenciones, hago un alto en el camino de mis aventuras vivenciales para reflexionar sobre lo mundano. Y es que por mucho que utilicemos una palabra, muchas veces pasa por la calle de la desidia por no conocer su auténtico significado. Así pues, si me lo permite, comenzaría por acceder a la definición de palurdo. Dice el diccionario de la RAE, que palurdo es aquella persona rústica e ignorante. Y con esa premisa estamos autorizados a identificar a miles de estos individuos en nuestro entorno más cercano, dentro de las instituciones pero también fuera de ellas. El palurdo, cual cucaracha putera, se recorre las calles de arriba abajo buscando alimentarse. Su modus operandi le lleva a dejarse ver con ostentosidad, sin recato y dejando un reguero tonal, propio de cochineras y otros puntos de encuentro.

En la política es sabido que el palurdismo se desarrolla de forma exponencial a poco que el personaje se descuide, pues para ello únicamente necesita que le pongan un despachito y un papel firmado en el que pone “tu mandas”. Digamos que resulta fácil detectarlo, poco camuflado entre los que verdaderamente ejercen el honor de servir a la sociedad de forma honrosa y acertada. Pero la cosa cambia cuando el palurdo asoma el hocico en estas cosas del periodismo o el universo dedicado a la divulgación. Es ahí donde Sancho Panceta se contonea presumiendo de ser comunicador cuando a sus espaldas lleva poco más que un puñado de reportajes de dudosa reputación, monotemáticos y cargados de incoherencias. Adosado a su amo quijotesco cual sanguijuela de río turbio, se pasea por los mundos de Google en busca de noticias que plagiar para hacerlas suyas. A diferencia que en política, en el mundo de la comunicación el palurdo es detectable por su ficha curricular, normalmente llena de inventivas y exageraciones remarcadas en negrita. A éste le pones un micrófono para hacer un informativo, retransmitir un acontecimiento social o simplemente darle al REC a una grabadora, y los nervios le llevarán a hacerse caca, al tiempo que con sus propias heces salpicará todo a su alrededor.

En Canarias, a diferencia que lo que ocurre en otros puntos del estado español, pulula un gran número de acomplejados, incapaces de hacer la O con un canuto y grandes dosis de frustraciones laborales. Lo que les diferencia del resto de palurdos, es su continua cantinela apológica, el sainete en el que convierten su propia ineficacia en todo lo que hacen. La máxima del palurdo canario [Insularis Palurdis] consiste en culpabilizar al español de todos sus males intelectuales. La culpa de que sea un ceporro integral, es únicamente atribuible a los poderes fácticos llegados desde las Españas y todo lo que huela a piel de toro. El lloriqueo lastimero y constante en el que se auto envuelve, produce algo parecido al asco y la vergüenza ajena. El palurdo en nuestra tierra opta por quejarse sin frenos en lugar de optar por algo tan gratificante y placentero como es la superación personal –formación e información-. Jamás pidas a un palurdo que se supere, porque ofenderás su creencia de que ya está por encima de todo, de vuelta en el camino de la vida y capacitado para impartir enseñanzas.

En nuestra tierra el palurdo se viste de Prada, o por buscar la acertada rima, su inteligencia le lleva a confundir corbata con bragas. 

 

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Modificado por última vez en Sábado, 29 Julio 2017 08:38